La noche más flamenca de Nueva Esperanza

Nueva Esperanza organizó el pasado 24 de octubre una gran cena de Hermandad con el flamenco como temática principal. Siguiendo con la intención de dotar de diferentes temáticas nuestros encuentros periódicos, la “Noche Flamenca”, derrochó  arte e idiosincrasia propia de nuestra tierra por el interior de la Casa del barrio de Nueva Málaga.

Largas horas de trabajo por parte de los más de veinte hermanos que conformaban el grueso del equipo de trabajo llegaban a su fin, cuando se acercaban las nueve de la noche y numerosos hermanos, familiares, amigos desbordaban el vestíbulo de entrada. Con los últimos retoques al salón y la cocina con los fogones en plena ebullición comenzaba la velada. Nada más acceder a los salones de la segunda planta, los comensales se encontraban diferentes espacios donde el cuidado del detalle embriagaba al espectador de la tradición de nuestra tierra, en un ambiente donde los toques albero y magenta adquirían gran protagonismo.

 

Grupo Marisol Egea

Como bienvenida, los hermanos disfrutaron de una degustación de fino y jamón serrano, gracias nuestro amigo y cortador profesional Ismael González, mientras se disfrutaba del gran espectáculo ofrecido por la asociación cultural y folclore Marisol Egea sobre nuestro "tablao".

Finalizada la copa, y con el servicio dispuesto, los invitados tomaron asiento y comenzó una larga cena en la que nuestro equipo de cocina demostró su potencial y categoría, con un menú que integraba tradición e innovación. Con los postres comenzó el espectáculo musical a cargo de nuestro artista y hermano Juan Carlos Barranco quien hizo las delicias de nuestros invitados. Los espectáculos se completaron con un desfile de hermanas vestidas de gitana, lo que completó un programa compuesto íntegramente por artistas nuestra Hermandad y nuestro barrio, hecho que habla muy bien del mayor patrimonio de esta corporación: su potencial humano. Finalmente, la gran anécdota de la noche cuando el sorteo de un gran jamón, paradójicamente, fue a parar a nuestro cortador profesional invitado, quien lo donó a la Hermandad debido, según el mismo explicaba entre risas, “tiene la casa llena de jamones”.

Con la satisfacción del trabajo bien hecho el equipo de trabajo fue soltando el delantal y uniéndose a un corro improvisado donde no faltaron guitarras, cajas ni, por supuesto, un ambiente de los que no se recuerdan.

Desde estas líneas enaltecemos la labor de todo el equipo de trabajo, así como la ayuda inestimable de los colaboradores esporádicos que aportaron en la medida de sus posibilidades, y, cómo no, a nuestros colaboradores y todos los hermanos y amigos que quisieron compartir con nosotros esta magnífica noche en familia.