Oración al Nazareno del Perdón 18 de marzo 2017

Texto íntegro de la oración que tuvo lugar el pasado 18 de marzo de 2017 en la Parroquia de Santa Ana y San Joaquín tras la misa del tercer día de Triduo.

INTRODUCCIÓN
Hace cuarenta y un años exactos que esta humilde Hermandad se fundó, cuarenta y un años de esfuerzo y trabajo, de constancia y perseverancia, con muchas alegrías y con alguna pena, muchas sonrisas y cómo no? También  lágrimas. Estamos ante ti, Padre, para darte las gracias por convertirnos en lo que somos hoy, hermanos que con innumerables defectos pero con un inmenso amor, hemos sabido transmitir al que es ajeno a nosotros, que te queremos, a ti y a Nuestra Madre, que paseamos nuestra FE con mucho orgullo y que nuestros momentos de recogimiento y oración nos llenan el alma de alegría.
Hoy precisamente también es el día del Padre, y al igual que hemos felicitado a nuestros padres terrenales por darnos la vida y haber hecho de nosotros personas de bien, cómo no te vamos a felicitar a TI, Padre de nuestros padres, Padre de todo lo terrenal, Padre y Creador de nuestra existencia. Porque tú nos diste la vida para salvar la nuestra.
Felicidades PADRE!!!!

Cantemos

En el silencio, cuando no hay ruido
Sólo se oye un corazón
Ya estoy dispuesto a hablar contigo
Sé que TÚ escucharás mi voz…

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 23:33-38
Cuando llegaron al lugar llamado la Calavera, lo crucificaron allí, junto con los criminales, uno a su derecha y otro a su izquierda.
-Padre- dijo Jesús- perdónalos, porque no saben lo que hacen. Mientras tanto, echaban a suertes para repartirse entre sí la ropa de Jesús.
La gente, por su parte, se quedó allí observando, y aun los gobernantes estaban burlándose de Él. También los soldados se acercaron para burlarse de Él. Le ofrecieron vinagre y le dijeron:
-Si eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo. Y había un letrero sobre Él que decía: JESÚS NAZARENO REY DE LOS JUDÍOS.
Palabra de DIOS.

Fui del remanso hasta tu monte
Gracias, Señor
Gracias, Señor, por la paz, la alegría y por la unión que los hombres, mis hermanos, me han brindado, por esos ojos que con ternura y comprensión me miraron, por esa mano oportuna que me levantó.
Gracias, Señor, por esos labios cuyas palabras y sonrisas me alentaron, por esos oídos que me escucharon, por ese corazón de amistad, cariño y amor que me dieron.
Gracias, Señor, por el éxito que me estimuló, por la salud que me sostuvo, por la comodidad y diversión que me descansaron.
Gracias, Señor, … me cuesta trabajo decírtelo, … por la enfermedad, por el fracaso, por la desilusión, por el insulto y engaño, la injusticia y soledad por el fallecimiento del ser querido. Tú lo sabes, Señor cuán difícil es fue aceptarlo; quizá estuve a punto de la desesperación, pero ahora me doy cuenta de que todo esto me acerco más a Ti. ¡Tú sabes lo que hiciste!
Gracias, Señor, sobre todo por la fe que me has dado en Tí y en los hombres; por esa fe que se tambaleó, pero que Tú nunca dejaste de fortalecer, cuando tantas veces encorvado bajo el peso del desánimo, me hizo caminar en el sendero de la verdad, a pesar de la oscuridad.
Gracias, Señor, por el perdón que tantas veces debería haberte pedido, pero que por negligencia y orgullo he callado.
Gracias, Señor, por perdonar mis omisiones, descuidos y olvidos, mi orgullo y vanidad, mi necesidad y caprichos, mi silencio y mi excesiva locuacidad.
Gracias, Señor, por dispensar los prejuicios a mis hermanos, mi falta de alegría y entusiasmo, mi falta de fe y confianza en Ti, mi cobardía y mi temor en mi compromiso.
Gracias, Señor, porque me han perdonado y yo no he sabido perdonar con la misma generosidad.
Gracias, Señor, por indultar mi hipocresía y doblez, por esa apariencia que con tanto esmero cuido, pero que sé en el fondo no es más que engaño a mí mismo.